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ampilada

1983 Jandía,
Fuerteventura, toda la expedición
junta esperando la comida

1983
Jandía, Fuerteventura , 57 sargos y una lisa
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Ferry nocturno de Las
Palmas a Fuerteventura, noche de travesía, dos vehículos, congelador,
generador, hamacas y sacos de dormir, tienda de campaña grande, sacos de
pan duro, carnada congelada, agua, poco dinero y muchas ganas, y
llegamos al entonces puerto de Puerto del Rosario, antes llamado Puerto
Cabras, y que con motivo de la
visita a la isla del padre
misionero americano Peyton, el que postulaba que "la familia que reza
unida permanece unida" en los años 50, el Alcalde de Puerto del Rosario
le cambió el nombre de Puerto Cabras, por al parecer malsonante y feo,
por el de Puerto del Rosario, que así se llamaba su mujer.
El puerto no tenía más que un
solo espigón, no mas largo que el ferry, que lo abrigaba y abriga de las
corrientes del norte,- viento dominante en todas las islas-, y por la
mañana, tempranito ya estábamos camino de la península de Jandía.
Buscando su faro y su abrigo, donde la historia sitúa el abastecimiento
de los submarinos alemanes durante la 2ª Guerra Mundial, aunque yo ni en
aquella visita, ni en otras posteriores he acertado a sacar nada en
claro, pero no lo descarto en absoluto por lo apartado de todo signo de
vida en que está aquello. Son casi 50 kilómetros de camino de tierra
tras haber dejado atrás el último núcleo habitado, Morro Jable,
pueblecito que tiene la bonita e increíble aunque verdadera historia de
la campana de la iglesia que les llegó por mar desde Canadá. Una mañana
de niebla al haberse caído durante una tormenta de la cubierta de un
barco mercante que la transportaba en una plataforma de madera, por el
Atlántico Norte ,-imagínense la sorpresa dado que esta historia de su
origen se supo mucho después-, y que los vientos hicieron que meses
después dicha plataforma encallara en la playa debajo del pueblo y
además, con la campana sonando al ir instalada en forma de funcionar, lo
que llamó la atención de los habitantes, que en masa acudieron a la
orilla, que la sacaron del agua y la tienen desde entonces.
En fin, a lo que vamos, la isla
es para mí preciosa, obviando el hecho de que era usada para desterrar a
políticos y pensadores como Unamuno, y la bonita historia de su antigua
capital, precisamente llamada Antigua, y que por no ser pesado, no
cuento, por lo seca y por su famoso queso majorero, -es tan seca que no
tiene árboles-, algunas palmeras en el oásis de Tiscamanita, así que los
cabreros llevan paraguas para hacerse sombra cuando pastorean al ganado.
Llegados
al pesquero, el viento no nos deja vivir, marzo es mes ventoso, para
defendernos un poco del mismo nos hemos metido en una cala pedregosa con
un alto acantilado a nuestras espaldas, como se verá en alguna de las
fotografías, y a donde hemos bajado los enseres con cuerdas, empezamos a
dormir o dormitar de día y pescar de noche, al amanecer y al atardecer,
se nos da bien, y cada uno se pone donde le parece, pero no todo lo bien
que esperábamos. La factoría funciona a medio gas, y cuando digo la
factoría, no estoy exagerando, pues el procedimiento es pescar,
limpiar, lavar en agua del mar y meter el pescado en una mosquitera
grande que llevamos para que la mosca o moscarda no le ponga el huevo de
sus larvas. Allí lo tenemos metido unos tres días tapándolo del relente
por la noche,-como se verá en la foto-; a los tres días, mas o menos el
pescado está tan seco que la larva de la mosca no va a prosperar cuando
nazca al estar la carne seca , así que los demás días solo hay que
extenderlo al sol sin mas protección para que se
vaya terminando de secar; a éste
pescado, algo insípido, en realidad sargos y palometas secas, le llaman
los canarios JAREA, y se lo comen echándole un poco de alcohol por
encima en un plato y prendiéndole fuego.
Pasados unos días idílicos,( en
los que incluso hemos conocido al famoso mudo de Jandía, que se acercó
por donde estábamos, personaje que es popularísimo por su habilidad en
la pesca de la vieja,-especie de bodión apreciadísimo en las islas-; y
que recorre toda la costa andando con una caña del país rígida al hombro
terminada en un cuerno de cabra atado a la misma, delgado y curvo, de
unos 25 centímetros que deduzco hace función de amortiguar la picada, de
cuya punta a su vez, pende un trozo de hilo de unos 8 metros con un solo
anzuelo y sin plomo, con un cangrejo ensartado toscamente en el anzuelo,
mediante el cual, por sucesivos tanteos en los lugares que el conoce
desde pequeño, amen de que las ve bien por ser la mayoría rojas y verdes
y pescarse sobre unos dos metros de profundidad, saca de poder a poder
lanzándolas detrás de sí.). Y he aquí que me avisan mis compañeros de
que nuestro cocinero,- el del gorro de papel en la foto-, que tenía la
costumbre de ponerse los anzuelos clavados en la gabardina con que se
protege del frio y a la altura del pecho, -supongo que para tenerlos más
cerca, y no es broma, en el caso de que avistásemos un tiburón-, se
acaba de clavar uno en el pulpejo de la mano, en un movimiento
inesperado con su mano, que se lo ha clavado totalmente y que además
padece del corazón, con lo cual tenemos doble problema.
Intentamos volver a
clavárselo hacia fuera para que salga otra vez la punta usando la
patilla que queda fuera de la carne asida por unos alicates, pero no
podemos o no tenemos valor aunque el aguanta bien los dolorosísimos
intentos, dado que la piel es muy dura y no cede, y estamos muy lejos de
algún lugar con médico.
Decidimos recoger y buscar
ayuda, se hace de noche, nos acercamos al solitario faro de Jandía y el
farero al principio no nos abre, está algo asustado y nos habla a través
de la puerta, me identifico y nos deja pasar al abrigo del viento y a
una estancia iluminada, donde por fin conseguimos con unos alicates
volver a clavar hacia fuera el anzuelo y sacarlo sin mucho desgarro.
Agustín aguanta como un tío, -es un decir-, y le decimos que se deje de
llevar los anzuelos como si fuesen medallas. El farero nos cuenta que es
gallego y que está 15 días solo en el faro y otros 15 días en Las
Palmas, donde tiene a su familia, y a mi casi me conoce por mi
profesión, vida dura la de él donde las haya.
Dado que estamos faltos de
víveres decidimos, tras pernoctar en el faro, volver a la civilización,
y seguir pescando por el norte de la isla, hasta que cojamos de nuevo el
barco, así dimos con dos noches de pesca muy buenas, cerca de Puerto del
Rosario y al abrigo del viento, tenemos la foto que ilustra este
trabajo de pescar 56 sargos de kilo y medio cuando menos, en tres horas
de una noche, y que para poder hacer la foto personalmente tuve que
abrir el papel de dos sacos de pan, además de una lisa, y que dieron una
olla de huevas, que también aprovechamos, cuya fotografía estuvo
expuesta en una tienda de pesca de Las Palmas y los clientes decían que
era un montaje, que esa pesquera no se podía hacer.
Por cierto, el sargo real que se
ve en la foto lo saqué yo, con más de dos kilos, y la técnica o forma
siguió consistiendo en una caña, a dos manos, un plomo pequeño y anzuelo
por encima, noche cerrada, gamba congelada, algunos de nosotros como
auténticos lobos de mar la masticaba antes de ponerla, -yo no-, y lance
suave a la pedregosa rompiente, tirón y para fuera pues no se podía
perder tiempo en
contemplaciones, el pescado estaba
entrando y había que aprovechar el momento; momentos que han permanecido
en mi recuerdo, y que la noche siguiente y última también fue buena,
aunque no tanto hasta hoy que lo pongo lo mejor que puedo negro sobre
blanco, con la esperanza de que os haya gustado leerlo, y que podría
describirse como SARGOS AL TOQUE EN LAS ISLAS CANARIAS.
Reconocer,
por último que no le vimos la aleta a ningún tiburón, pero la ilusión
existió, así como la bronca que mis compañeros me echaron cuando estando
haciéndonos las fotos, se acercó un pastor de cabras y me preguntó que
donde habíamos cogido tantos sargos, y al indicarle el sitio, ahí, ahí
mismo, me dijeron, tu eres tonto, eso no se le dice a nadie, y tal vez
por eso, aún me reservo el lugar de este último sitio, para que no me
regañen otra vez si esta historia llega a su manos, - policías locales
los tres en la ciudad de Las Palmas-, uno de ellos, el mejor pescador al
toque que he conocido nunca, y todos ellos amigos inolvidables.
Resumen;,una caja entera de
jarea empaquetada, y para mí unos sargos frescos de la última noche, un
recuerdo imborrable y un amor permanente a Fuerteventura, donde a partir
de entonces fui con mi familia y de vez en cuando en avión a pescar, a
pesar del miedo que me da, la afición me podía
En concreto, la pesca en avión era
así, 8 de la tarde Aeropuerto de Las Palmas, 8´30, Fuerteventura, se
tarda sólo media hora, es un subir y bajar, Seat Panda alquilado, el más
barato, pesquero a 10 minutos, debajo del Parador, herreras y
sargos,-las herreras sacadas con más cuidado que los sargos pues a decir
de mi compañero, y que creo que lo comentaba yo en otro artículo
anterior solía decir que "OJO QUE LAS HERRERAS TIENEN LOS BESOS MUY
BLANDOS"-, toda la noche pescando hasta que deja de entrar, 7´30
aeropuerto de nuevo,se entrega el vehículo, saco de plástico duro con el
pescado y caña entre las piernas, 8´00 de la mañana café con churros en
Las Palmas, sueño para caerse, ¿Donde has estado?. Pescando.
Antonio Rojo Morales
Contacta
con Antonio:
antoniorojomorales@hotmail.com

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